Si bien pude
entenderse que a partir y luego de la Kehre hay un desplazamiento del énfasis
del pensar desde el dasein hacia el Ser (concebido, por otra parte de un modo
radicalmente distinto al de la historia de la metafísica e incluso al que
maneja Heidegger hasta antes de tal viraje), y que por lo tanto la tradicional
forma de trascendencia (del ente –u hombre- al ser) se mantiene como tal solo
que de forma invertida, esta interpretación es por lo menos discutible.
Es verdad que giros
como “envio de ser” y otros similares hacen pensar en una simple inversión de
la trascendencia, en un ser emanatista que irradia su pregnancia “hacia abajo”.
Pero voces como oscilación, rehúso, y sobre todo la palabra guía de la obra y
del periodo, ereignis someten a esa interpretación a mayores complejidades
En los aportes
existen varios pasajes que critican radicalmente la idea de trascendencia, no
solo su dirección (ascendente) sino su propia esencia como vinculo entre el ser
y el ente. Por otra parte Heidegger sostiene y sostendrá en el futuro que una
mera inversión u oposición a algo, es parte de ese mismo algo. En tal sentido
se expresa al hablar del proyecto nietzscheano de inversión de la metafísica;
allí el autor del Zaratustra permanecerá, según la opinión de Heidegger,
tributario de aquello que pretende destruir, siendo un platónico malgre lui
El er-eignis como
acontecimiento de mutua pertenencia y apropiación entre ser y dasein implica un
nuevo punto de partida para el pensar de estos, asi como de su forma de
“vinculación”. En una conferencia dictada casi 20 años luego de la escritura de
los Aportes figura una descripción del ereignis que llama la atención por su
claridad:
El ereignis es el ámbito en si mismo
oscilante, mediante el cual el hombre y el ser se alcanzan el uno al otro en su
esencia y adquieren lo que les es esencial al perder las determinaciones que
les prestó la metafísica. (…) El ereignis une al hombre y al ser en su
dimensión mutua. (El principio de Identidad)
En la “estructura”
del ereignis, a diferencia de cualquier trascendencia no hay ninguna
linealidad, ningún avance ni retroceso, ascenso ni descenso. Ni siquiera un “ir
y venir” sino un pendular simultaneo, una tensión de dos polos que se
pertenecen mutuamente y en la que no hay “superación” ni ningún tipo de
dialéctica. Esta forma de acontecimiento que en imagen del rayo hace
copertenecer a ambos polos, da la nota tónica de la temporalidad extática que
funda, la del instante.
El ser necesita del hombre para
esenciarse y el hombre pertenece al ser, para realizar su extrema determinación
como dasein (P133).
La oscilación es el
movimiento interno de la pertenencia mutua de ser y dasein en el ereignis, que
a través del acontecimiento apropiador funda el espacio-tiempo.
La tensión, el
oscilar de la copertenencia también se anuncia en el rehúso y la resonancia, en
el movimiento de huida del ser hacia la oscuridad del olvido, en el resonar del
eco de su dominio; en ese juego de lejanía y cercanía, en el apartamiento en el
que no deja de vibrar y anunciarse incluso en lo mas inesencial de un mundo
prendido del ente.
La idea de
trascendencia es inherente e inseparable a la concepción que la metafísica
tiene del ser:
La metafísica piensa que el ser es
hallable en el ente y ello de modo que el pensar trasciende al ente (parágrafo
83)
A la correspondencia
entre ser pensado como entidad de lo ente y la trascendencia como el paso del
ente al ser, se suma también de modo indisociable la noción metafísica del
pensar como el procedimiento, la herramienta y método para tal elevación, para
partiendo del ente llegar a lo que lo fundamenta, a su carácter de tal, a la
entidad, al ser:
Cuanto más exclusivamente el pensar
se dirige al ente y busca para sí mismo un fundamento máximamente entitativo
(Descartes y la modernidad), tanto más se aleja la filosofía de la verdad del
ser. (idem)
El “camino” hacia el
ser es radicalmente otro, a tal punto que nombrarlo bajo el gastado vocablo de
trascendencia se torna un acto de violencia:
… con el dasein ha sido ganado ese
fundamento en el que se funda la verdad del ser, de modo que ahora el ser mismo
llega originariamente a dominio [es decir, sin tener que partir del ente y
elevarse desde el –corchete mío] y se ha hecho imposible una postura de
trascendencia del ente, es decir, de partir del ente y a saber como presente
ante la mano y como objeto. Y solo de este modo se muestra lo que era la
metafísica, precisamente esta trascendencia del ente hacia la entidad (idea)
(P84)
En la historia de la
metafísica, la tarea del pensar del ser, es decir de la filosofía, era
justamente recorrer este camino de la trascendencia del ente para encontrar su
fundamento, su entidad, su idea. Ese fundamento, ese punto de llegada que es el
punto de partida que sustenta al ente en cuanto tal, fue elaborado en un
periodo de la historia del pensar como “a priori”. Este pensar ha sido el hilo
conductor de la pregunta conductora, es decir de la historia de la filosofía,
hasta llegar a ser el mismo pensar el fundamento de la entidad, y por lo tanto
del verdadero ente.
El Viraje, o al menos
uno de sus aspectos principales es justamente este cuestionamiento y radical
modificación de toda referencia entre ente y ser, de lo que la filosofía
siempre llamo trascendencia. Y digo uno de sus aspectos porque es inseparable
de otras radicales modificaciones, como la de ser como entidad, lo mas general
y abarcativo del ente; como la del pensar como representación.
El pensar de la
metafísica, dijimos, es el instrumento, tanto método como facultad subjetiva de
recorrer el sendero de la trascendencia del ente hacia el ser. Por lo tanto su
forma esencial no puede ser otra que la representación, es decir la
reproducción de lo ente concebido como lo presente a la mano, como lo opuesto
al sujeto (él mismo objetivizado), como objeto. Esa forma representativa del
pensar determina se manifiesta en el lenguaje de la metafísica, que en realidad
es el lenguaje a secas, desde que no existe como acerbo algo como el “lenguaje
del ser”; en todo caso este esta en permanente creación a través de la Palabra
que los poetas y pensadores del nuevo comienzo que reciben el envío del Ser. El
lenguaje tal como lo conocemos es el lenguaje del pensar de la metafísica, es
lenguaje de la representación de lo ente presente a la mano, es la forma de
reproducir in absentia el objeto.
Por lo tanto el mayor
desafío, el más ambicioso, es el de moverse dentro de ese campo ya siempre dado
(en esto se manifiesta una vez mas el carácter de arrojado del proyecto del
dasein, de eso a lo que aspira el hombre una vez tomada la decisión de las
decisiones), y a pesar de ello prestar oídos al Decir del Ser y preparar de
este modo el tránsito hacia el otro comienzo.
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